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sábado, 13 de febrero de 2010

Salta, maltratada durante el Festival de Cosquín

Centro de Artistas de Salta y otras asociaciones salteñas (*)

A través de Marcelo Simón y un tal (Miguel Ángel) Gutiérrez, el comité organizador de los 50 años del Festival de Cosquín, en su triple función de fiscal, juez y verdugo, trató constantemente de exterminar social y estéticamente la permanencia, la integridad y la dinámica evolutiva del canto, la poesía, la música y la danza que conforman la identidad de la provincia de Salta.
Grandes nombres insoslayables de la historia contemporánea de la cancionística popular argentina, como Las Voces de Orán, Melania Pérez, Los de Salta y el Ballet de Marina y Hugo Jiménez, por ejemplo, fueron literalmente desterrados a las 5.30, para que no tuvieran la más mínima posibilidad de actuar para todo el pueblo de la república y países hermanos dentro del horario central que, en vivo y en directo, emitía Canal 7 de Buenos Aires -"La televisión pública"-, a pesar de que así lo ordenaba su programación oficial, dado que presentarían un homenaje a los poetas César Perdiguero, Jaime Dávalos y Manuel J. Castilla en el espectáculo denominado "El alma de Salta".
El mal trato, las sospechosas fallas técnicas de luces y sonido, el lenguaje avaro de Marcelo Simón y del tal Gutiérrez, sumados a la retórica vacía y neófita de su principal animadora, fueron las reiteradas y gratuitas degradaciones para con todo lo que pudiera representar o identificar a Salta, en abierta contraposición con los privilegios de trato, tiempo y espacio otorgados a las delegaciones de otras provincias y representantes extranjeros, con el agravante de elogiar con absolutismos y reiterar presentaciones de intérpretes de evidentes limitaciones estéticas y de ningún hallazgo original, por cuanto la mala imitación de los verdaderos creadores fue el único mérito que mostraron, acaso para echar por tierra las propias y antojadizas alabanzas de Simón, Gutiérrez y "la Niña".
"No merecen vivir". Con la sentencia "los desagradecidos no merecen vivir", rubricó públicamente Juan Manuel Fangio una respuesta a Cacho Fontana cuando éste le preguntó por qué en Italia nunca dejó de parar en un hotelito humilde, a pesar de su prestigio y sus posibilidades económicas: "Porque esa gente -contestó- me ayudó en todos los sentidos cuando yo era nadie".
Los cientos de artistas de Salta agrupados en distintas asociaciones no pretenden que Marcelo Simón tenga la dignidad ontológica de Fangio, pero sí queremos recordarle que todo el movimiento del mundo de la canción popular latinoamericana sucedió, sucede y sucederá sin que él tenga nada que ver; por el contrario, Marcelo Simón siempre lucró para balbucear o trazar algún libreto festivalero que allá lejos y hace tiempo se lo enseñó César Fermín Perdiguero. Hoy estamos seguros de que jamás lo aprendió, menos aun se lo agradeció, como a Jaime Dávalos y a Manuel Castilla, creadores íntegros que siempre le tendieron y le brindaron todo de sí, como tantos otros hombres imprescindibles en la historia del canto argentino, lo que niega desde un triste micrófono oficialista y una lamentable omisión genuflexa que nos hacen doler las articulaciones del alma y de la vida.
Omitir esos nombres es intentar matar una obra incuestionable e incontenible de la más pura realidad estética y social que por desgracia, a juzgar por su actitud, jamás podrá llenar tanta necedad y tanto vacío humano y profesional de un depredador cultural con acomodaticias pretensiones intelectuales.

(*) Instituto Folclórico Jaime Dávalos, Asociación de Artistas Plásticos, talleres artísticos José Juan Botelli, y siguen las firmas.

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